| "The calm after storm, propiedad de Sparkle-photography |
Apenas media noche y despierto no paraba de quejarme
mentalmente, recordando quizá, pensando en que di y el por qué del ahora.
Terminé sentándome a la orilla de la cama, no me definía claramente, que fue lo
que pensaba tan necesario, decidí sucumbir un poco y ceder mi cuerpo y mente al
insomnio.
Quemaba dentro como llamas del averno, el fuego recorría
desde mi garganta a las mejillas ya de por sí hinchadas, razonando y perdido
fue que un trueno me llamó, llamó a la lluvia y llamó al espasmo de ella en un
susto a mi lado, su cuerpo fresco cubierto a la penumbra de un cuarto frío y
esporádico me invitaba a acurrucarme a su lado, su espalda descubierta, pálida
y desnuda evocaba sensaciones de paz y hambre, ese fuego no era nada comparado
a las ganas que me despertaba ver sus lunares, sus líneas, incluso la línea de
vellos en su nuca, nada tan perfecto contemplé vez alguna. Pasé mi mano sobre
ella y la sábana que le arrebaté en el despertar la cubrió de nuevo, fría
caricia de la noche danzante, de su lluvia percusionista y de sus truenos tan
altruistas, invitando a más de alguno a refugiarse en los brazos del susto.
Me levanté de aquella cómoda cama y dirigí mi vista y ser a
esa fría ventana de pintura avejentada, quebrándose con el tiempo y a lo que es
ahora, una roída pieza de apenas vidrio y madera. Las gotas en la ventana
apenas llegaban, pero difuminaban la imagen de la ciudad frente a mí gota a
gota corriendo por aquel pedazo de cristal. Viento frío que correspondía a los
golpes que propiciaban los cables eléctricos con el poste que amparaba aquel
edificio. Era ya la una de la mañana, mi mente no paraba, iban y venían cosas,
ninguna se quedaba, todas se iban y apenas algunas duraban antes de marchar al
olvido y reciclaje, ¿Por qué?
Volví al colchón, pedazo cómodo que albergó sueños, futuro
de algo y hoy, es un triste pedazo de nada, sosteniendo dos vidas alternas, la
mía en el plano físico y la de ella en algún lugar de la nada, ojalá fuera del
ángel que me acompañaba esa noche, recurrente visitante de un espabilado lunes,
producto del alcohol quizá o producto de alguna clase de suerte, no me
interesaba, la veía en su calma, ser tan inocente en voz, vista y presencia
podía ser tan voraz e inquieta una vez desvestida, en carne viva, despellejada
de toda conciencia e incoherencia, dejada sólo con sus ojos, su mente vivaz y
las ganas enormes cuando creía volar, sólo un abrazo, un beso y de alguna forma
un arrullo en algo que parecía tarareo de mi parte, inocente criatura.
Empezaron las dos de la mañana con un tono frío, truenos
distantes, bellos sonidos naturales en un mundo de concreto y asfalto, poco a
poco caía en una penumbra visual que cada vez terminaba por sucumbir más,
pronto mi mano en su cadera, su cabello en mi pecho y sus ojos viéndome
terminaron haciéndome volver a este plano.
-¿No has dormido?- Dijo esa voz dulcemente aguda, curiosa,
de cierta forma preciosa.
-No- Le respondí secamente, le aparté un mechón disperso de
su ceja.
-¿No tienes sueño? ¿Estás bien?- Con curiosidad preguntaba,
no parecía fuera a detenerse.
-Estoy bien, no tengo sueño solamente.- Le respondí sin
mucho ánimo, realmente se me iba el sueño.
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