miércoles, 5 de mayo de 2021

Ésto no es una carta nostálgica.

 No sé como iniciar esto. Quizá un tono amargo, de despecho, de ira. Quizá de impotencia ó ironía tenga que hablar, nada se me junta para poder hacerlo.

    Dos horas después de la última letra y sigo sin nada claro, sólo esa sensación que comenzó como nudo en la garganta y ahora es un montón de vómito ficticio que busca sofocarme, quizá debería dejar que lo haga.

    Estoy harto, cansado de seguir, de no saber que es lo que sigue, que soy, que debo ser, todo son señales contradictorias, debo ser el paciente y a su vez el impulsivo, debo ser el que permite y niega, el que aplaude y castiga, el que tiene todo y nada, estoy cansado.

    Me pido dormir pero no quiero, mis piernas aún tiemblan, el bulto se hace mas grande, poco a poco me deja sin mas que poder respirar, ya quiero que termine.

    Te contemplo con la poca luz que entra por la ventana de esta mal llamada habitación, en ella albergo poco de mí ser, si acaso un escape, dos escapes, tres a lo mucho y luego estás tú, contemplándome de vuelta. Planeamos la huida, no sé cómo, pero tú lo tienes todo visto. Quizá aquí, quitando uno de los ladrillos disueltos que ciernen lo que creo como real y cierto, quizá desbaratando uno de los conductos que me mantienen vivo, es una jugada arriesgada y puede que alguien se de cuenta antes de que pueda salir... Y tendríamos que limpiar el desastre. 

    Me hablas suave, tu erotismo no me convence, me duele, esos besos fríos no hacen mas que doler, tres junto a la rodilla, dos en la palma, uno detrás de la última, quizá unos cuantos mas en la cara, en el cuello, en el pecho, ¿Al corazón? ¿La muñeca? ¿Un recorrido desde la última hasta la mitad del brazo? Ese podría ser el que nos complazca, cayendo en tu sueño, lento, frío y seguro... Quizá deba dormir ya.

    Ella me llama, me dice algo que no entiendo, quizá deba visitarla, total, jamás lo he hecho... Quizá ella sepa ó lo termine.

    Pensándolo con calma, la madrugada no es mas que otra fuente de marañas e inexactitudes, poco discretas señales que nada me dejan adivinar, ¿Creer en las maldiciones?

    Pasamos la primera hora de esta madrugada, dos besos en la mejilla, uno sobre la ceja, ya no duelen como si frío fuere el que me cortara, sino arden, escuecen como inadvertida superficie caliente, no fuí lo suficientemente valiente para aceptarte mas, aunque el primero todavía escuece como si nuevo fuere, ya no necesito mas, no creo, lo dudo, quizá.

    En este momento no sé que intento con esto, la mera incógnita de proponerle un título siquiera me deja sin siquiera un dejo de conciencia, quizá no debería ponerle, meramente dejar que salga lo que deba salir, lo que deba sacar, lo que quiera quedarse afuera.

Sin duda alguna, esto no es una carta de nostalgia.

sábado, 27 de mayo de 2017

Crónicas de una paradoja

                                             Parte 2 - Conocimiento.

Fotografía "Luminocity" de Joseph Michael


    He pensado que después del placer poco quedaba, mas no es así, al menos no por asegurarlo. Me ví envuelto en complejas anotaciones, enseñanzas tales que me hicieron encontrar un poco mas de lo cuestionado, una paradoja quizá es pero no una completa, puedo comprender.

    Mis ojos falta entrenar un poco, se supone las paradojas son círculos sin respuestas, sin final a su existencia, sin embargo ésta encontré huecos, encontré razones y cambios, no es una paradoja como tal, no una que no pueda resolverse. He encontrado las mañanas un tanto cansadas, comienzan temprano y entre éstas los aromas se mezclan, me confunden un tanto más.

    Dormir no es algo que me interese de entera forma,  sueños son al final, proyecciones de deseos, de anhelos, insípidas memorias con tonos elocuentes y hasta eróticos hasta despertar, no siento necesite soñar, necesito despertar. He viajado, mis pies me han llevado  a instancias y mundos que desconocí, mundos unidos por cuerdas invisibles, planes arcaicos, mosaicos incompletos abiertos a las manos estáticas del impaciente artista, temblorosas y con deseo de poner la mano encima a la creación innacabada.  Las ansias me llevan un poco mas lejos, me insitan a conquistar páramos inexplorados, a retomar aquellas colinas una vez mas, caminar sobre prados enteros de verde y otros tantos tonos mas.

Misterios y oscuridad encontré, lugares en los que no debí meterme y todo por encontrar respuestas a algo que supuestamente no debe tenerlas, pienso que de eso se trata el conocer algo, arriesgarse por esas decisiones y gustos que albergan tanto dentro con lo único que nos acompañe sea el valor y una brújula. Vivo aún, apenas he podido en ocasiones, la vuelta a un lugar eterno hace cuestionarse ése grado de relativa inmortalidad, ¿Qué soy? ¿Qué hago? ¿A dónde quiero ir? Cuando gorriones aleteaban miraba el desierto con tal placer, la arena, los perdidos visitantes y su afán de encontrar corderos, hoy es otro dudar, otra búsqueda, sin embargo la escencia viene a ser parecida, paz.

Hay otras nociones, el tiempo, ese nunca lo tomé en cuenta hasta ahora, a veces apremia, otras aminora, no lo entiendo. A momentos su pica apunta a mis costillas, presionándome a el paso forzar y mas rápido llegar, encontrarme en situaciones sin plan, sólo la idea de uno, uno vago y en ocasiones etéreos, no lo comprendo, requiero de mas conocimiento ó quizá criterio.

        Encontré un poco de ese tiempo, pero inseguro me siento, una caverna sin cambio aparente, una que otra gota que se desliza a través de la piedra, de donde vendrá o acabará no es una frecuente pregunta. Es fresco por lo que creo son las mañanas y cálido en la posible noche, no veo luz, no contemplo la oscuridad, siento el tiempo entre mí, ya no sobre, ahora puedo tocarlo y su pica he arrebatado y lanzado lejos, no he sentido ese constante lacerar.
       
       Contemplo mi existencia a través de una gota que cae desde el techo, encuentro mí vida un tanto mas áspera, perdida y sin un motivo regente, he dejado irme en la corriente de éste tiempo, encontré placer en ello, un relativo placer entre el conocer e ignorar, sólo siento, no pienso.

    
     Sin embargo, no encuentro placer en hacerme saber que estoy enfrascado en una rota caverna, me asomo entre las grietas y veo sombras, latentes figuras que van y vienen, no volveré por la gruta que me trajo, forjaré otra salida, allá te veo.

jueves, 13 de marzo de 2014

Los vuelos de la lechuza

Propiedad de Dessert usa.
En sueños una vez ella me preguntó:
¿Cuántos tú son? Entiendo que al menos dos, el primero es quien me toca y el segundo quien de tus ojos me observa, pero, ¿Quién me ama? Hubo conflicto en ocasiones, le aseguro y no todos concordamos, pero lo hacemos a distinta manera.
El que le roza le ama al cálido de la mañana, entre sábanas, en el frío de la noche, cálido tacto acogedor.
El de la mirada cada aspecto sobre usted, los ojos, la nariz, sus senos, piernas y en general lo cubierto de piel.
El pequeño infante, el que no tiene un cuerpo, le ama al sentirse protegido entre sus brazos, junto a su ser.
El anciano que versado de vez en cuando habla, su juventud es la que ama, actuar que no comprende a su edad.
El guerrero impacible su tranquilidad, la calma que le sana de sus desgarradoras batallas.
El sarcástico hiriente la lucha a la que se somete, el como le conmueve.
El seco la vida que le da.
El arlequín la seriedad con la que se toma.
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Sueño a medias abruptamente concluyó, de palabras arcaicas, recuerdos roídos, mariposas rojas, lechuzas diurnas...
La mañana siguiente acarreó otros vientos, era un gorrión, un cohibido pajarillo. Su anhelo volar del nido,
su impedimento dos incapaces de emprender un vuelo en solitario por miedo a perder su nido. Las alas no podían perder, su hogar el cielo, el viento y cuanta extensión quisieran, pero eso no era para ellos, querían ese árbol y a sus pollos cerca del nido, el avecilla no conciliaba su lejanía con su don de zurcar los cielos, las nubes, sobre las aguas... Caminé sin más poder, agresivas y protectoras estas emplumadas, sin embargo se empedernían en no dejar volar a sus pollos, caminé cuanto pude.
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Con la luna coincidí, bronce su tono, danza de otros mundos, silente y calmada recorría el firmamento con
esas nubes a su enmarañada, parecía fría, distante a la tierra que iluminaba, sin embargo, su luz era cálida,
sus movimientos tenues enmarcaban un algo que fue, distante, forajido y un tanto atemorizante, avancé a ella, sus vientos vacilaron y al final toqué su superficie, como pensé, cálido, no tan roído. Abracé su imagen con dulzura, caí rendido al sueño y ella desaparecía conforme un ave revoloteaba en mi cabeza, de años ya encima, de vida habida y ansiada la que venía, se posó en mi pecho justo antes de dormir, me vió fijamente y entró a mi alma como pocos lo han hecho, sus plumas frotaba en mí, no tenía frío, ni miedo, no tenía nada que ella no me quitara...
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Ellas, las damas que de mí sacan tanto, la mariposa que a mí nariz vino a posarse y terminó posándose en otras pieles, el gorrión del que supe voló muy alto y no volvió a posarse en días, la luna cobriza que ahora calienta en las noches, la que corroída está pero de suave tacto se ha vuelto, gobierna los cielos nocturnos, el ave, que decir de esa emplumada alegría, sus ojos son la ventana a un mundo que desconocía, sin embargo, uno que de lejos ya veía venir, un mundo de paz, de amor y sincero aprecio, uno al que visitaba en mis vuelos y ahora tangible se ha vuelto...
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Continúan los vuelos de la lechuza diurna.

"La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días." 
-Benjamin Franklin.

lunes, 17 de febrero de 2014

Luna Canela: Baile y viento

Fotografía por Klaudia K.
He soñado esta noche con su figura en una colina, 
Su cuerpo al contrastado con la luna detrás. 
Sus ropas y Cabello al viento, su tez canela, 
Sus telas se mecían, sus piernas bailaban, sus pies flotaban. 

De caderas pronunciadas a mi tacto, de borboteante alma y poder, nítido ser, 
Hambriento su pensamiento y voraz de conocimiento. 

¿Fué un sueño acaso?

Noche de atenuados círculos, pronunciadas laderas, firmamento oscureciendo, crepúsculo rebosante.
Sueño es, quizá sueño quede, sea a la siguiente, Luna Canela.

"Las armas requieren espíritu como las letras." Miguel de Cervantes.

sábado, 27 de julio de 2013

Los caídos

Imagen de dominio público



El último Balaur no descansará en sus aposentos 
Ni las Quimeras bajo sábanas, 
Descansarán cuando el último aliento,
Su último roce de Inmortalidad les prometa a ella misma,
el calor, el frío, la firmeza y la versatilidad no conocerán más moradas que sus pechos y garras, 
Serán sus almas quienes decidan su final, 
No el filo del sable ni de la guadaña de su captor,
Serán ustedes quienes se levantarán eternamente, 
duerman mis hijos, sueñen que no lo son.

-Suelo y cielo

miércoles, 22 de mayo de 2013

Olvidé decir adiós: Segunda parte.

"Morning after", propiedad de Wandaa-x


Sus ojos no perdían detalle, parecía como si leyera lo que era y soy con sólo ver mis ojos cansados, mis ojeras pronunciadas, las cejas despeinadas, el lunar extraño junto a mi ojo, apenas visible. Ella leía cada línea, parecía conocerme y de alguna forma deleitarse, preocuparse y perderse en lo que encontraba, fue un silencio prolongado en desnudez frente a frente, llegué a sentir pudor por vez primera en tan complejo encuentro dentro de fronteras.

Tres cuarenta de la mañana, después de un arrebato y el calmar de las aguas nos sorprendió un trueno fuerte, la luz nos encontró en ese destello, preguntándonos tanto de nada y aludiendo tan poco a algo. Algo me sorprendió de ella, su facilidad para la espontaneidad, saltó sobre mí y de la cama hasta sus pertenencias, sacó un pequeño vasito rosa de su bolso, me lo mostró y el recipiente llevaba un conejo pegado en él.-Si te fijas pareciera como si follaran.- Dijo con una voz tan apacible y dulce. –Si, mira.- Empezó a moverlo, haciendo fricción entre el peluche y el vaso, no pude evitar reírme, no sé ni como fue que ello llego a su mente, no lo imaginaba, encomendó de nuevo su cuerpo al bolso e introdujo el vaso en él. Sus caderas acentuadas con la luz de las lámparas del alumbrado público eran exquisitas, eran delicadas y no tan prominentes, su espina marcada a lo largo de la espalda me evocaba recuerdos, era tanto nostalgia como deseo esa mujer. Sacó auriculares en forma de pequeños conejos de este bolso, me los mostró de nuevo. –Son rápidos, mira, este se llama Juanín y este se llamará…- Volteó su mirada al suelo y de nuevo viró a verme. –Guaripolo, ¿Te parece?- Esta vez, con un poco de sueño no pude evitar reírme, tan memorables nombres.

Ya las cinco, el sol no demoraba, las golondrinas chillaban ya revoloteando frente a la ventana humedecida, aves en vuelo que en un momento perturbaron su danza, un borrón blanco les pasó casi rozando, sin embargo al poco continuaron, sus palabras, aletargadas en un apenas contención de la conciencia llegaron a mis oídos en un abrazo somnoliento, sus labios en mi oreja, su mejilla en mi sien, su cuello en mis labios y su piel expuesta a los primeros rayos del sol del pico del verano, su voz sólo pidió eso.
-Duerme, no te compliques más, cultiva tu sueños y recoge al tiempo su fruto, esos ideales incorruptibles que ví ayer, no las ciegas palabras de un insomnio volátil, apenas útil.- Inhalo un último momento antes de sucumbir al sueño, dejando el tiempo suficiente para un último verso de su oración. –Duerme y despierta a mi lado, sólo eso.- Se sintió el peso de su cuerpo caer al sueño y como su torso se inclinaba al costado, 
pero sus manos sostenían firme y fielmente a mi torso.

Calló en un profundo sueño al poco, su rostro acomodado sobre el colchón, alejando la almohada de su mejilla y cerrados párpados mirándome estaban invitándome a acompañarle en acción. Su mejilla ya coloreada por la dorada luz de un amanecer que nacía en las colinas de las afueras jamás pintó un cuadro así. El evocar del exacto cuadro de sus cejas coloridas en rojo brillante cuando el sol tocaba sus vellos, como sus pestañas parecían azules tiras de metal azulado y oscurecido, su nariz sombreándose conforme el sol avanzaba lenta y precariamente en esos centímetros de occidente, la perfección no estaba en su cabello a veces negro y otras castaño, no estaba en sus labios, ni en sus mejillas ni palidecida piel, estaba en toda ella, en sus ínfimos detalles, el lunar bajo la aureola derecha, en la cicatriz pequeñita de varicela en su barbilla, en el sus dedos de uñas carcomidas en el estrés, en  su ombligo rasgado, en sus espina tan marcada, era delgada, de piernas fuertes, cuello largo y brazos rellenitos, no sé, tan preciosa conformación de factores no podía estar unida en un cuerpo tan terrenal, me resultaba fantasioso, casi imposible concretar que ella poseía todo ello con apenas esfuerzo.

Siete de la mañana, el sol hervía en el suelo, cansinamente la gente empezaba la rutina, se disponían a trabajar, estudiar o sólo caminar por aquella ciudad bajo un sol calcinante, desprovisto de piedad. La cocina retozaba en olores esa mañana, dulce, ácido, suave, quemado, un poco desorganizado, en el sartén los Hot cakes casi estaban y mi estómago lo anunciaba, miel, jugo, jarabe y mantequilla dispuestos en una mesa, un plato de al menos siete piezas de delicias llegó ahí. Al sentarme pude oír un cascabeleo y me dolió el glúteo al sentarme, al levantarme y revisar el bolsillo vi de lo que se trataba, un pequeño cascabel en forma de búho me acompañaba.

Es de ella, inmediatamente lo supe, no había nota, no había nada que lo demostrara, pero su mensaje era claro, me dí cuenta desayunando, esperando a que algo en mi mente saliera y no sólo un fantasma inexistente residente de algún rincón de mi mente, sino que ella estuviera ahí, en su colchón esperándome al abrir sus ojos, anhelando despertar con ella como otras veces, algún día se cansará y dejará de intentarlo, de pedirlo, sé que lo hará, como el fantasma que ya no está, ella también presenciará la huida de algo innecesario, un solo plato está en mi mesa, en mi hogar, en la frialdad de ese lugar y ella en algún lugar, en otro plano distante de este contemplar de vidas sin acabar. Descansa, ya no me verás más.

"El hecho de ser habitados por una nostalgia incomprensible sería, al fin y al cabo, el indicio de que hay un más allá."
Eugene Lonesco

Olvidé decir adiós: Primera parte.

"The calm after storm, propiedad de Sparkle-photography

Apenas media noche y despierto no paraba de quejarme mentalmente, recordando quizá, pensando en que di y el por qué del ahora. Terminé sentándome a la orilla de la cama, no me definía claramente, que fue lo que pensaba tan necesario, decidí sucumbir un poco y ceder mi cuerpo y mente al insomnio.

Quemaba dentro como llamas del averno, el fuego recorría desde mi garganta a las mejillas ya de por sí hinchadas, razonando y perdido fue que un trueno me llamó, llamó a la lluvia y llamó al espasmo de ella en un susto a mi lado, su cuerpo fresco cubierto a la penumbra de un cuarto frío y esporádico me invitaba a acurrucarme a su lado, su espalda descubierta, pálida y desnuda evocaba sensaciones de paz y hambre, ese fuego no era nada comparado a las ganas que me despertaba ver sus lunares, sus líneas, incluso la línea de vellos en su nuca, nada tan perfecto contemplé vez alguna. Pasé mi mano sobre ella y la sábana que le arrebaté en el despertar la cubrió de nuevo, fría caricia de la noche danzante, de su lluvia percusionista y de sus truenos tan altruistas, invitando a más de alguno a refugiarse en los brazos del susto.

Me levanté de aquella cómoda cama y dirigí mi vista y ser a esa fría ventana de pintura avejentada, quebrándose con el tiempo y a lo que es ahora, una roída pieza de apenas vidrio y madera. Las gotas en la ventana apenas llegaban, pero difuminaban la imagen de la ciudad frente a mí gota a gota corriendo por aquel pedazo de cristal. Viento frío que correspondía a los golpes que propiciaban los cables eléctricos con el poste que amparaba aquel edificio. Era ya la una de la mañana, mi mente no paraba, iban y venían cosas, ninguna se quedaba, todas se iban y apenas algunas duraban antes de marchar al olvido y reciclaje, ¿Por qué?

Volví al colchón, pedazo cómodo que albergó sueños, futuro de algo y hoy, es un triste pedazo de nada, sosteniendo dos vidas alternas, la mía en el plano físico y la de ella en algún lugar de la nada, ojalá fuera del ángel que me acompañaba esa noche, recurrente visitante de un espabilado lunes, producto del alcohol quizá o producto de alguna clase de suerte, no me interesaba, la veía en su calma, ser tan inocente en voz, vista y presencia podía ser tan voraz e inquieta una vez desvestida, en carne viva, despellejada de toda conciencia e incoherencia, dejada sólo con sus ojos, su mente vivaz y las ganas enormes cuando creía volar, sólo un abrazo, un beso y de alguna forma un arrullo en algo que parecía tarareo de mi parte, inocente criatura.

Empezaron las dos de la mañana con un tono frío, truenos distantes, bellos sonidos naturales en un mundo de concreto y asfalto, poco a poco caía en una penumbra visual que cada vez terminaba por sucumbir más, pronto mi mano en su cadera, su cabello en mi pecho y sus ojos viéndome terminaron haciéndome volver a este plano.
-¿No has dormido?- Dijo esa voz dulcemente aguda, curiosa, de cierta forma preciosa.
-No- Le respondí secamente, le aparté un mechón disperso de su ceja.
-¿No tienes sueño? ¿Estás bien?- Con curiosidad preguntaba, no parecía fuera a detenerse.
-Estoy bien, no tengo sueño solamente.- Le respondí sin mucho ánimo, realmente se me iba el sueño.

La lechuza Diurna


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